Cinco minutos después estabas dormido. ¿Yo? Yo esperando. Inútil, como siempre. ¿Que quieres que te diga? Te leo las cartas si quieres, soy una experta anunciando buena fortuna. Pero que triste el diez de tréboles, que dolor darte esa fe sin argumentos. Esa sonrisa de un presente que no existe. Que dolor ya no creerme ni a mi,
. . ni a las cartas.
No. No es cuestión de fortuna. Es que el presente duele, y no hay predicción que cure esta herida. Dijo algún poeta que hoy es siempre todavía.
. . ni a las cartas.
No. No es cuestión de fortuna. Es que el presente duele, y no hay predicción que cure esta herida. Dijo algún poeta que hoy es siempre todavía.
Y duele.
Cinco minutos después estabas dormido.
Me cansé de esperar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario