Hoy, como antes y como ahora, disfruto de caminar sola. Sin rodeos, sin referirme a carencias ni a pensares, ni tonadas de Andalucía. El sonido de la ciudad no me deja oír mi propia voz, y sin embargo, el puente que cruzo está irrefutablemente vacío. Entonces canto. Canto. Nadie me oye porque nadie está, nadie sabe que me gustan las cerezas chilenas. ¿Estaré cantando entonces? Ahora soy un clásico acertijo filosófico que nunca pude responder, como un árbol que se cae y nadie oye. ¿Estaré cayendo entonces?
6.2.10
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Aunque nadie te oiga, el puente te lo agradecerá.
Publicar un comentario