
Hoy reviviste en la espalda del registrador
no estaba segura, al comienzo
pero cuando me pidió que le diera mi mano izquierda y me parara atrás suyo
te olí
eras tú
Era tu olor en la espalda del registrador,
incómodo por la dificultad de poner mi huella en el cartón mientras acercaba mi nariz a su espalda.
Hay días como hoy, en los que cargo mis muertos en los lugares más extraños.
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