10.12.08

El juicio del mensajero.

Mi tarjeta de identidad esta a punto se caducar. Y la veo, once números que me califican persona. Expedida el 19 de Mayo del 99. Irónico pensar que me dieron identidad ocho años nueve meses y dos días después de nacer.

Falso, además de irónico. En esa huella ya no cabe mi dedo, lo apuesto.

A veces quisiera cortarme el pelo de nuevo, como antes, sobre los hombros. Pero no es solo eso, es la sencillez de la sonrisa, la mirada pequeña y despreocupada, (si que me han crecido los ojos). A veces cambiaria todo lo que he ganado. Hay días en los que me arriesgaría a cambiar toda la baraja. Antes no podía caminar en la oscuridad, tenía que correr al próximo lugar iluminado. Así, de luz en luz, me movía por el mundo, no soportaba las sombras. Como si me persiguieran, como si no estar en la luz estuviera prohibido. Hoy en día confieso, el sentimiento de persecución no se ha ido, pero ahora es una persecución lenta y tortuosa. Ahora no corro. Sufro, si. Siento las manos de lo desconocido a punto de tragarme dentro de ese montón de vagas siluetas. Y me siguen, aún hoy, como quien no tiene prisa, como quien ya tiene a su presa.

La oscuridad no ha dejado de perseguirme.

Mis labios no se resecaban, mis ojos eran más pequeños, no necesitaba el juego y me gustaba dormir despertando.Parece otra vida, parecen los restos que alguien me dejó.

Y sin embargo,

La oscuridad no ha dejado de perseguirme.

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