Si, se que es difícil ver como la vida de los que te rodean va perdiendo poco a poco el sentido. Es difícil entender. Pero es aún peor ver como la tuya pierde cada vez más la dirección. Y no se trata de que derroches tu mala o buena suerte por ahí, que no te importe romper espejos. Es que ya hay demasiados callejones sin salida, son tantos que te encuentras a ti mismo dentro de un cuadrado. Porque jugar el juego ya no es tan emocionante solo solía serlo. ¿Por qué? Y ahí todo cae. Maltratada y ajena, dejas de seguir instrucciones porque no les encuentras sentido. Si ellos no se esfuerzan por entenderte tu no tienes porque obedecerlos. Porque ya has probado cuanto liquido cruzó tu camino y todos se te evaporan en la boca como se deshacen los caracoles con la sal. ¿Y qué te queda? Sed, la misma sed que ya no recuerdas extrañar. Esa sed que ahora es como el silbido que hace el ambiente cuando hay mucho silencio. Una permanente consecuencia de la ausencia.
Porque es breve, es muy breve cuando se es feliz, cuando no se tiene miedo. Y aún así ¿a qué temerle? Si ya perdiste el rumbo. Tienes las manos llenas de pastillas, de naipes, de horrendos relojes. Fetichismo. Solías cargar un reloj que te marcaba la fecha solo para intentar entender un libro. Y aún así tengo miedo. A que todo siga así, a que todo sea un juego de quitarme y ponerme hasta que pierda la fe. Ya nada es concreto, ya nada es sólido, ya nada tengo por sentado. Solo tengo líquido, un líquido que no alcanzo a sentir, porque se me deshace en la boca como se deshacen los caracoles con la sal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario