1.12.08

Es como morderse el labio inferior, en sueños.

No me concentro, no me concentro no me concentro.

En mi mente suenan las alarmas de todas las ambulancias del mundo, en mi mente miles de hormigas gritan por la crucifixión de su líder.

Y todo se eleva, uno, dos, TRES.

Y entonces me encuentro a mi misma leyéndote, otra vez, adicta. Adicta a algo que no es mío, adicta a algo ajeno adicta lo siempre prohibido…

A lo que me hace mal, a lo que me marchita.

A ese ser decadente, a ese otro débil, a el que cree que lo sabe todo, al que nació en un altar. Porque no me gusta cuando me reservan una silla.

No, a mi me gusta hacer mi propio sitio, a codazos entre la multitud.

Donde no hay espacio, donde no quepo yo, donde no hay equilibrio…

En el lugar más inhóspito y desierto, sucio usado y triste. Descomponiendo el hierro de los barrotes de mi jaula, volviéndolo fe. Ahí me instalo, a plantar un mediocre jardín de magnolias en la basura…

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