No me concentro, no me concentro no me concentro.
En mi mente suenan las alarmas de todas las ambulancias del mundo, en mi mente miles de hormigas gritan por la crucifixión de su líder.
Y todo se eleva, uno, dos, TRES.
Y entonces me encuentro a mi misma leyéndote, otra vez, adicta. Adicta a algo que no es mío, adicta a algo ajeno adicta lo siempre prohibido…
A lo que me hace mal, a lo que me marchita.
A ese ser decadente, a ese otro débil, a el que cree que lo sabe todo, al que nació en un altar. Porque no me gusta cuando me reservan una silla.
No, a mi me gusta hacer mi propio sitio, a codazos entre la multitud.
Donde no hay espacio, donde no quepo yo, donde no hay equilibrio…
En el lugar más inhóspito y desierto, sucio usado y triste. Descomponiendo el hierro de los barrotes de mi jaula, volviéndolo fe. Ahí me instalo, a plantar un mediocre jardín de magnolias en la basura…
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