10.2.11
Tu aliento se queda pegado a la ventana y yo alcanzo a ver la calle solo por la figura que hace él con su dedo índice. El dedo combina su humedad con la humedad del vidrio. Entre el sudor y el afán, toda el agua que somos juega a condensarse sobre los cuerpos. Nuestro cuerpo, nuestro gran cuerpo de miembros confundidos, desarticulados e incómodos por la presión y el despropósito. Nuestro cuerpo que ahora también es metal, también es silla, también es ventana. Mi mano se deja caer, cansada de ejercer fuerza sobre el tubo que no alcanzo si no me empino. Mi cuerpo triste deja de tratar de sostenerse por si mismo y se amolda a la forma, a veces sólida, de otros cuerpos tristes que a la vez se apoyan en el cuerpo frío del bus que es el más triste de todos. Por fin se hacerme al resto. A veces es la mejor parte del día.
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