12.6.09

¿Te digo que no me gusta?
No me gustan las curvas ciegas, ni hacerle caso a los actos in-sustentables, irracionales, insoportables. Si, terca, pero así me enseñaron. Ni el pasto grueso ni las alcachofas. Ni oír, ni hablar, ni ver. Absurdo, pero así me enseñaron. Porque hoy las vidas parten al mundo por el medio, la sonrisa por el centro, la música, el suspenso. Y las pequeñas puntas afiladas que descansan en las comisuras de tus parpados, no alcanzarían. No alcanzan.
No alcanzo.
No llego.
Y dime tú, dime ¿Qué pasa princesa que tu naipe esta incompleto? Y es que la pica eres tú, la pica eres tú. No me gusta rogarle a nadie, así me enseñaron. No me gusta escoder las manos, ni acomplejarme. No me gusta distinguir lo real de lo que quema, ni ser una ficha, ni abstraerme. No me gusta diagnosticarme cada noche, pero así me enseñaron.

(Somatización, facticio, esquizofrenia, paranoia, delirio, narcismo, demencia, neurosis...)

Hipocondría. Y el sol, a veces me molesta el sol. Detesto los “ya es muy tarde” nunca lo ha sido. No me gusta engañarme, ni la cara que pones cuando te pregunto que se te pasa por la cabeza cuando pierdes. No me gustan los relojes, ni la forma en que las cartas me indican lo perjudicial. Ni facebook, ni los corchos, ni las esquinas sin textura, ni el agua fría, ni las mañanas torpes, ni los hogares sin tejado, ni tu indiferencia, ni mi sonrisa de mesera, ni las gemelas que se sientan frente a mi en el bus. Si algo se es que no tengo cara de seis dos seis nueve siete seis ocho. Pero que voy a hacer…
Así me enseñaron.

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